18/7 - Angers - Brissac - Rennes

Hoy me levanté bien bien tempranito porque ya vi que todo empieza a las 9. O sea que antes de las 9, idealmente, tengo que haber llegado a la ciudad en la que quiero pasear, haber tirado mis valijas en un hotel, y estar de vuelta en la estación, o en la oficina de turismo.

Mi idea originalmente era pasar la noche en Angers, pero en realidad me di cuenta que no vale la pena, y que mejor sigo viaje.
Ni bien llegué a Angers vi que la estación tenía un locker donde dejar las valijas, así que las tiré ahí, y me compré inmediatamente (porque a esta hora hay menos cola) un pasaje para Rennes. Rennes no tiene nada interesante, pero es uno de los lugares más civilizados que están cerca de Mont St-Michel, uno de los lugares que no me quiero perder ni en pedo, y que está difícil llegar.

Vuelta a Angers.
Empecé por la oficina de turismo, como siempre, a ver qué hay alrededor de acá. Resulta que hay un chateau interesante, aparentemente el más alto de Francia, y está bien accesible con un bondi, así que voy a ir ahí a la tarde.


Teniendo claro el plan del día, arranqué por el Chateau de Angers.
Un castillo bien castillo




Vení, atacame esta.
Se imaginan tratando de traspasar esa bruta muralla? (Esto no se ve en la foto, pero el lugar donde estoy parado está 40 metros arriba del río. Y hay un paredón que baja brutalmente, así que si venís por agua es mucho peor).


Ahí se ve el río visto desde la fortaleza.

Lo más interesante, obviamente, es el castillo por afuera, y las vistas de la ciudad desde el castillo. Pero igualmente entré porque tiene adentro el tapiz más grande del mundo (o algo por el estilo)


Algo me dice que ese jardín no es original, que lo hicieron hace poco…


Una particularidad que no vi antes. Como a todos, a los que vivían acá les gustaba la caza, pero estos cazaban con halcones. Y tenían las jaulas donde los criaban ahí.


También tenía unos lindos jardines decorados. Aunque de nuevo, me parece que esos no son originales, porque están donde normalmente iría el foso con cocodrilos.


Y ese es el tapiz más largo del mundo
Esta es la mitad, como ven ahí, dobla la esquina y sigue bastantes metros más.


Todo con imágenes, si no me equivoco, del Apocalipsis.



Terminado el castillo, me puse a pasear un poco por el pueblo.

Tiene una catedral bastante zarpada, en el medio de, otra vez, un pueblito super medieval.



El mismo estilo que Notre Dame, digamos, salvando las distancias.


Ahí estoy a la altura del río, y se ve bien el paredón que hay que escalar para llegar a la base de la muralla del castillo.
Te quiero ver atacando ahí.


Y como al mediodía me tomé el bondi al Chateau de Brissac.


Tiene unas cuantas particularidades este castillo.
Para empezar, fíjense bien la última foto. Van a ver que tiene dos estilos completamente distintos, que no pegan ni con moco.

Resulta que este era un castillo medieval, y en algún punto, a uno de los dueños le pintó hacerlo un poco más moderno. Entonces tiró a la mierda la parte del medio, y empezó a construir con un estilo mucho más parecido al que veníamos viendo en París. Las torres las dejó de entrada, porque las necesitaba para defensa, pero planeaba tirarlas.
Y en el medio de la obra se murió el tipo, y al hijo evidentemente le daba paja terminarlo, así que lo dejaron así.

La verdad, es un aborto, pero queda buenísimo.

Aparte tiene un parque muuuuy grande, y hasta viñedos

Ahora, el problema con este castillo es que la familia sigue viviendo acá, y para visitarlo sólo podés entrar con un tour guiado. La verdad, no entiendo por qué. La mitad de los castillos que vengo viendo tienen a la familia viviendo ahí, y te dejan visitarlo tranquilo.
Cuestión que el tour en inglés empezaba 13.15, y mi bondi se iba a las 14.00 y yo ya me las veía negras.

Igual estuvo bastante bueno el tour.
Nos contaron de toda la historia de todas las generaciones de duques y marqueses que vivieron acá. Parece que tienen este castillo hace 15 generaciones, y se lo siguen heredando. El actual duque tiene un hijo, que es el marqués, que tiene 4 hijos.
Así que nos mostraron fotos de la familia, y cuadros de todos los ancestros.

Lo loco es que el castillo tiene como 6 o 7 pisos, pero están ocupados la planta baja y los primeros dos nada más. El resto está, según me dijo la guía, vacío.

Adentro de la casa no se podían sacar fotos tampoco, así que no tengo mucho para mostrar, pero la visita estuvo interesante.

Al final, como siempre, la degustación del vino que hacen en el castillo.
Una porquería.

La verdad, me parece que en Argentina estamos realmente muy mal acostumbrados gracias a Mendoza. Tenemos MUY buen vino, y muy barato (cosa que yo ya sabía, pero sin comparar contra otras cosas es difícil saber qué tan bueno). El vino francés, que supuestamente es buenísimo, no tiene nada que hacer, ni siquiera, al lado de un Latitud 33, y tenemos vinos MUCHO mejores que el Latitud en Argentina.
Y eso que no estoy tomando solamente vino berreta elaborado por ricachones que no saben nada pero tienen su castillo y mucho tiempo libre. En la cena que tuvimos con Microsoft tomamos vino que supuestamente era digno, y también era bastante choto. O sea, estaba bien, pero en Argentina es un vino de batalla eso.
Conclusión: Una porquería el vino francés.

Y por supuesto, perdí el bondi de vuelta, y el próximo era a las 17.30.
No tengo los datos, pero me parece que este pueblito es el más chiquito de todos en los que estuve. Realmente no había nada de nada de nada de nada.

Así que me fui a la plaza donde estaba la parada del bondi, me puse la alarma en el celular, y me tiré a dormir.
Mucho no funcionó, porque me dolía la espalda, me mataba el sol, me daba frío… Pero dormí una horita y media como un campeón, y después di vueltas en círculos por el pueblo hasta que me aburrí en exceso, y me compré un librito de sudoku. Que son una mierda, pero mejor que nada.

Y llegué a Angers bastante tarde, no tuve nada de tiempo para seguir paseando. Una lástima, porque era un pueblito muy lindo, pero al mismo tiempo, era igual a todo lo que vi antes.
Al final me quedé en la estación esperando el tren. Por primera vez en todo el viaje, el TGV, que será TGV, pero no va tan rápido. El shinkansen japonés va extremadamente más rápido. Este… 300 km/h mis bolas.


Y a Rennes llegué tipo 9 de la noche, así que llamé a un hostel que estaba en mi guía, y fui directo.
Me atendió un viejito divino, que cuando vio mi pasaporte me dijo “Ah! Vous ette italienne”, y me dijo (claro que no le entendí hasta después) que me daba la habitación con baño y ducha al precio de la que no tenía ni baño ni ducha. Me avivé recién cuando llegué a la habitación, y bajé a agradecerle. Un divino el viejito, me hizo descuento por ser italiano. Le pregunté si él también era italiano, y por suerte me dijo que no, porque se iba a dar cuenta al toque que soy un italiano de tercera. El tipo era suizo, y no entendí por qué, pero le gustaban los italianos.
Fine for me, no me iba a quejar.

Y bueno, 10 de la noche, y tenía que comer, y a las 11 me cerraban la puerta del hotel, así que salí corriendo porque los restaurants acá se toman su buen tiempo para todo.
Terminé en uno que tenía buena pinta pero no era muy caro. Me comí uno de esos menús de 2 platos y postre que tienen acá, y no sé qué comí, pero estuvo buenísimo.
Y de postre, viene el tipo y empieza a recitar los postres que tenían. Puta madre, por qué no me traés la carta, que leer es mucho más fácil que escuchar francés?
Pero en el medio del recitado, el tipo manda “Ile Flotant”. Ah! la palabra mágica! ese quiero!

Y finalmente entendí por qué se llama isla flotante. Resulta que nosotros la comemos mal (igual me gusta más nuestra versión). Resulta que la esponja propiamente dicha, no viene bañada en sambayon. Acá, viene en una compotera con Creme Bruleé, y la esponja flotando adentro. Ahora todo tiene sentido!
Estaba buenísima la verdad.

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