29/8 - Tokyo

Y hoy sí que estuvo excelente. El clima seguía siendo una mierda, pero igual me levanté 4.30, y me fui al Tsukiji Fish Market. Esta atracción turística bizarra que recomiendan todas las guías, y que el año no pude hacer de puro pajero.

Nos juntamos con las canadienses, una israelí, y un yanqui, a las 5 en el lobby, y como no pudimos encontrar rápido la estación de subte (y había que estar ahí antes de 5.30), nos tomamos un taxi.

El mercado este es una de las cosas más bizarras que he visto, ever. Resulta que entre las 4 y las 6 AM llegan los barcos con la pesca del día, y se los rematan a los mayoristas que los van a vender luego a los restaurantes. Hay varios remates distintos (inclusive uno de pescado vivo), pero nosotros llegamos para el más interesante, el de atún. El atún es el pescado más respetado y preciado acá en Japón, y es absolutamente carísimo, y la subasta la verdad que es muy interesante.

De entrada llegamos al mercado mismo (no a la subasta todavía), y esto era un quilombo. Había colmenas enteras de japonesitos corriendo con pescados, y andando en unos camioncitos que son buenísimos.

El coso ese tiene el motor en ese mismo tamborcito que es volante al mismo tiempo (o sea que para doblar giran las ruedas, gira el eje, gira el motor, todo), que aparte gira 360, lo que hace que esas mierdas sean super ágiles. Estaba hasta las pelotas de esos, y te pasaban cagando por al lado que daba miedo.
Esa era una cosa muy interesante. A los tipos no les molestaba para nada que estuviéramos ahí. Durante la subasta yo me metí entre los tipos, miraba y tocaba los pescados, todo bien. Pero eso sí, ellos están ahí laburando, y no van a dejar que una pequeña molestia extranjera les impida hacer su trabajo. Si te tienen que pasar por arriba, te van a pasar por arriba sin demasiados cuestionamientos morales.

También por supuesto hay métodos más artesanales de llevarlos:

Así que de ahí nos metimos en el mercado, que es parecido a otros mercados de pescado que yo había visto. Un gran galpón, con millones de stands y tipos vendiendo cosas. En Kanazawa había uno así. Y buscando un cacho más llegamos finalmente al remate de atún.


Miren lo que son esos bichos…


Creo que ese es el pescado más grande que vi en mi vida.

Y son tan caros que los rematan uno por uno. No entendí demasiado bien la dinámica de la subasta. Procedo a explicar lo que vi.

Por un lado están los pescados, obviamente, la estrella de la joda. Y en algún lado deben estar los tipos que pescaron esos pescados, y que los están vendiendo, pero a estos no los pude ver.
Luego están los interesados en comprarlos, que los van mirando uno por uno, viendo qué tal está la carne, o andá a saber qué carajo le miran, como decidiendo cuánto van a pagar por cada uno.

Fíjense que los bichos están recontracongelados, pero tienen una rodaja cortada en la parte de atrás del lomo (al costado del lomo, no en la cola), que no está congelada. Los tipos miran esa rodaja, que evidentemente les permite saber si la carne es tierna, o fresca, o rica, o vaya uno a saber qué mierda.
También los pican un poco con esos ganchos que tienen en la mano.

Y luego está el rematador, que viene y los remata uno por uno.
Estos tipos son increíbles, yo no me cansaba de verlos. Fíjense el quilombo que es este lugar.



Ahí está un panorama. Y luego había un par de rematadores que eran MUY graciosos.


Y mientras el tipo este vociferaba, había dos al lado que eran tipo ayudantes, que anotaban. Uno escribía una etiqueta, y se la pegaba a cada pescado a medida que se iban vendiendo. Y el otro (en el último video se ve), anotaba como en unos “cheques”.

Esta es la otra parte que no entendí. Cómo pagan los que compran los pescados. Debe ser una cosa que se conocen todos entre todos, porque cada vez que se vende uno, el tipo agarra el gancho, y se lleva el bicho (que uno luego va a comer en algún lado) arrastrando por el piso mugroso del galpón ese. No me queda del todo claro cómo pagan después.


Y en un momento me agarró la inquietud de cuánto pagarían por uno de esos. Y por supuesto entré a preguntar y no llegué a nada de nada. La mayoría de los tipos a los que le preguntaba “cuánto cuesta esto?”, básicamente me señalaban al rematador como diciendo “fijate, se están rematando, cada uno sale distinto”. Y yo trataba de explicarles que quería un precio más o menos nomás, no me importaba con precisión. Pero por supuesto, mi japonés no alcanza para eso, y aparte me imagino que en la cabeza de uno de estos tipos, es imposible introducir la idea de “quiero saber más o menos qué sale uno de estos”. El tipo está subastando un precio muy preciso, distinto para cada pescado. De qué carajo sirve un precio más o menos?

Después encontré un grupito de tipos un poco más trajeados e intenté preguntarles, y me dijeron 200 million yen (2 millones de dólares).
No me suena, no puede ser, en algún momento no nos entendimos…

También intenté mirar lo que estaban anotando los ayudantes del vociferador. Por un momento creí entender de habían pagado 1.59 millones de yenes por uno (16000 dolares), pero luego vi que el siguiente era 1.60 millones, y el siguiente 1.61… Y dije “no… esto no es el precio, es el numero de pescado. Mierda!”. Me equivoqué de kanji. (Los japoneses tiene un kanji para 10, uno para 100, uno para 1000, y uno para 10,000. Eso es lo más arriba que llegan. Para precios chicos (abajo de 100,000 yenes, en general), anotan en números occidentales. Pero cuando la cifra es enorme, usan numeros occidentales y le agregan el caracter de “10,000″ al final, para agregarle 4 ceros más rápido y conciso. Eso fue lo que pensé que anotaba el tipo, pero le pifié).

Así que me quedé con la duda. La Lonely menciona que ellos vieron que alguien llegó a pagar 200,000 dólares por un pescado, pero supongo que eso sería una especie de record por un pescado enoooorme.

Divertidísimo este lugar. El Wall Street del pescado.


Y de ahí fuimos a pasear un poco por el mercado, que ya era más normal.


Ese es definitivamente el pescado más feo que vi en mi vida.


Miren esos churrascos de atún.



Y de ahí nos fuimos a hacer lo otro que recomiendan las guías… Desayunar el sushi más fresco del mundo. De más está decir que esto no es maki-sushi. Es nigiri, y extremadamente crudo. Y fuimos a Sushi-Dai, un lugar aparentemente super famoso, que es un localcito de mierda:

A donde va todo el mundo. Y cada uno que va ahí se toma su tiempo, obviamente. O sea, el sushi tardan en hacerlo, porque te lo hacen adelante tuyo. Y cada uno se mandaba un set de 8-10 nigiris…
En un momento había como 30 personas en la puerta esperando, y la cola no se movía. Pero bueno, esta gente estaba obstinada en comer acá, yo no tenía nada mucho mejor para hacer, y la espera no fue taaan mala. 45 minutos nomás…

Y por supuesto, ya estaba ahí, así que lo tenía que hacer. Me acordaba obviamente de mi intento con el salmón ahumado del año pasado, y esto sólo podía ser peor. Pero ya estaba ahí… Lo tenía que hacer…
Así que me pedí uno de salmón, y uno de atún. Y yo sabía que me iba a arrepentir de esto, pero tenía que hacerlo.

Y la verdad, no estuvo tan mal. De hecho hasta me gustó. Cosa que indica que, contra todas mis predicciones, sí se nota la diferencia entre un sushi común, y un sushi recién sacado del mercado, aparentemente… Porque para que a mí me guste el pescado crudo, realmente…

Y para que se den una idea, la piecita de nigiri de atún (UNA piecita de nigiri de atún), me salió 7 dólares. Ta, lo estoy comiendo en un lugar que es medio especial, con toda esta joda del mercado y whatever. Pero el cosito ese debía tener más o menos 20 gramos de atún… 7 dólares… Ya empieza a tener sentido el atunzote a 200,000 dólares, no?


Y bueno, salimos de ahí y las minas querían ir al palacio Imperial (que ya lo vi), Brandon se volvía al hotel porque aparentemente había pasado de largo la noche anterior, así que me fui a pasear sin mucha dirección.
Quería hacer lo que me faltaba de la ciudad, que no es mucho, y sobre todo volver a los lugares que más me habían gustado el año pasado. Pero el tema es que para que tenga algo de onda necesitaba gente en la calle, y eran las 8 AM.

Así que me metí en un hotel super caro, me senté en el sillón más cómodo del mundo, y estuve leyendo la Lonely y pelotudeando como una hora. Y de ahí, a pasear por Ginza. Volví a visitar a Godzilla (en realidad lo encontré de pedo), y terminé entrando en un múseo de música.
No sé de dónde salió, pero es gratis, y tienen pianos del año del orto, así que pintaba interesante.

La verdad, estuvo buenísimo. Tenían una habitación con todos pianos del año del orto (a partir del siglo XVI / XVII), con una minita que explicaba (en japonés, claro, no se entendía nada), y después se tocaba algo en cada piano para que veamos cómo sonaban.

Muy interesante ver cómo fue evolucionando el sonido, con los primeros sonando como un clave, y a medida que pasaba el tiempo se iba acercando a lo que conocemos ahora.

Los pianos eran hermosos:



Y había algunas cosas locas:

No lograron explicarme bien qué hacía cada pedal, pero por ejemplo había uno (en este piano en particular), que golpeaba unas cosas de percusión que tenía el piano adentro (estilo platillos). Muy interesante, y aparte la china se tocaba todo, hija de puta.

Pero lo espectacular fueron los dos últimos, que ya eran pianos más modernos (circa 1900), que eran de los que tocan solos.
La verdad, increíble el mecanismo.
El primero era medio complejo de usar, porque tenías que darle a 2 pedales para que avance, y sonaba todo desprolijo (de hecho la minita nos invitaba a tratar de tocarlo). Pero fue buenísimo porque entendí (después de un raaato) el mecanismo.

Ahí se ve un poco el mecanismo. Al darle a los pedales se mueve ese cigueñal que básicamente activa fuelles. Y luego el coso sopla a través del papel, y donde hay agujero pasa aire, y luego cada tecla tiene su manguerita específica.
Me pareció extremadamente ingeniosa la idea.

Y luego ya tenían otro que era a motor, entonces tocaba más prolijo, también con toda la joda de las mangueritas.

También tenían otra sección con todas “cajitas de música”, pero extremadamente complejas.


Y terminado el museo este, ya era hora de pasear por la ciudad, así que me fui para Shibuya. El último barrio que hice el año pasado, que no lo terminé, y aparte está buenísimo.
Me pasé un rato laaargo caminando por acá. La verdad, me encanta este lugar.

También me pasé un rato largo pelotudeando en un negocio de muñequitos, pero muñequitos lindos. Había algunos que salían un par de miles de dólares. Desde ya que los quería todos, pero no me podía comprar nada :-(
Y encima no me dejaban sacar fotos ahí adentro. Botones!
Igual alguna escabullí.




Esos salían 500 dólares cada uno, por ejemplo (los de arriba)


Y quería ir a la deuda pendiente que me había quedado del año pasado… El sweets paradise. Que por supuesto, fui después de almorzar, y había una cola de 500 pendejos para entrar, así que me fui a la mierda, jurando volver.
Garcas.

Y de ahí me fui caminando (que es bastante lejos) hasta Harajuku, el otro barrio que tenía ganas de revisitar. Anduve por Takeshita-dori de nuevo, y pelotudeé un rato hasta que se largó a llover mal, así que me volví al hotel. (Aparte ya eran como las 6 de la tarde, y yo estaba arriba desde las 4.30).

Y después no hice mucho. Me dormí mi siestita reglamentaria, salí a comer alguna porquería por ahí, y me volví a dormir.
Lo que estuvo bueno es que fui a Senso-Ji, a sacar fotos de noche (y obviamente, me olvidé mi trípode mágico)





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