Conclusiones de China

Antes de empezar, un disclaimer: Todos aquellos que hayan disfrutado mi artículo “Conclusiones sobre la India”, y estén esperando lo mismo de este, se van a desilusionar. No es de mala onda, la razón es muy simple.
Cuando uno hace turismo en este lado del mundo, hay algo muy especial para ver que es “la cultura”, si se quiere, o más bien cómo viven y cómo piensan estos tipos. Es un conjunto muy grande de cosas que es lo que yo llamo “Vivir India”.
No sé si había mencionado esto en el blog o no, pero en las palabras de una mina de Microsoft, “let India happen to you”.
Y yo creo que lo logré, en India. Vi cómo vivían, ví un poco su sistema de valores, de moral y de creencias. Vi en qué creen, qué quieren, qué no, a qué le tienen miedo…
Por supuesto no puedo considerarme un experto en India. En un día sólo hablando con Sabrina aprendí mucho más que en un mes de vivir ahí, y ella misma insiste en que no los entiende. Pero al menos vi algo.

En China, sencillamente, no pude. Vine, vi las ciudades, vi el progreso, saqué fotos, pero no viví en China. No entendí.
Es muy molesto, porque sé que había algo para ver, sólo que no sabía exactamente qué, entonces no sabía a dónde mirar. Pero sin duda algo importante me perdí.
Las razones pueden haber sido muchas. Tal vez es porque ya después de un mes en India estaba cansado. No “tired”, estaba “worn out”. Ya me habían cansado los indios, y el sistema de estar alerta y a la defensiva todo el tiempo. Tal vez fue porque la barrera idiomática acá era infinitamente más grande que en India (que ya era grande). Tal vez porque me relacioné menos con la gente (también puede haber muchas razones distintas para esto), y entonces no conocí a personajes como Alí y Sabrina. Tal vez es porque los chinos son mucho más cerrados en cuanto a todo esto que los indios, y también es menos evidente; los indios pueden tratar de ser cerrados si quieren, pero el nene está jugando en el medio de la basura, y la vaca está ahí, no hay forma de esconderlo. En China si pueden esconderlo, en parte porque hoy tienen mucha guita.

Así que como les decía, voy a opinar, pero todas mis opiniones probablemente estén equivocadas. Los chinos tienen muchas capas, y yo no vi ni siquiera la más exterior. Para meterse acá hay que aprender chino, venir a vivir acá, trabajar acá, hacer negocios con ellos. Si uno viene de turista es imposible. Es más valioso leer un libro sobre los chinos, pero como van a encontrar, cualquier libro sobre los chinos empieza diciendo “los chinos son más complicados de lo que se puede explicar en un libro, y mucho de lo que usted aprenda leyendo esto va a estar mal”.

Un comentario que me llamó la atención vino de mi viejo, por ejemplo, que me pareció muy esclarecedor. Cuando yo le contaba esto de que no “viví China”, el me dice “Con ese criterio, nosotros no vivimos Italia tampoco”. Y sí, nosotros vivimos Italia, todos los días de nuestras vidas. Italia es lo mismo que nosotros, no porque los argentinos somos 50% italianos, sino porque somos todos Occidentales.
Un alemán que viene a la Argentina se encuentra con que todo es distinto, desorganizado, complicado, nada funciona, es corrupto, todo lo que quieran. Para ese tipo el cambio es enorme (como fue para mí ir a Dinamarca), y por eso existen libros como la serie “KulturShok”, para viajeros desprevenidos.

Pero todas estas diferencias, comparadas con las diferencias cuando uno va a Oriente, son ridículamente ínfimas. A pesar de todo esto, los occidentales todos creemos en las mismas cosas, tenemos los mismos valores, queremos las mismas cosas, y le tememos a las mismas cosas. Tenemos distintas religiones, sí, pero son todas parecidas en un punto, y mucha bola no le damos tampoco.

En estos lugares por donde yo anduve, inclusive en China donde lo primero que te llama la atención es el nivel impresionante de capitalismo y consumismo que se vive, y en muchas cosas parecen “Occidentalizados”, realmente son distintos. Sencillamente todo es distinto para estos tipos, y el cambio es tan irracional y tan profundo que es imposible de ver para nosotros, en parte porque nos cuesta mucho aceptar la posibilidad de que podemos estar equivocados en nuestro sistema.
Y lo que uno trata de hacer en China (grave error), es moverse como en Occidente, y pretender que eso funcione. Los chinos no funcionan como nosotros, y cualquier intento de lograr que ellos hagan las cosas como nosotros queremos es equivalente a intentar romper la Muralla China con un martillito de Playmobil. It’s not gonna happen.

Y esto por supuesto es mucho más violento en el mundo de los negocios que en el del turismo, porque nunca, nunca, nunca vas a saber lo que está pensando un chino. Nunca. Son increíblemente reservados, y tienen una habilidad ampliamente practicada (desde que nacieron) de mantener una “poker face”.

Así que concluído el disclaimer, vamos a la mirada (equivocada) que un occidental bruto puede tener en un vuelo de pájaro a través de China.

La primera impresión que me dio China fue “Mierrrrrda, esto parece Japón!”, o al menos, la imagen que yo tenía de Japón. Todo está limpito, ordenadito, es tecnológico, y funciona. Y bien. Se ve mucha guita por todos lados, mucho consumismo, y mucha pantallita y juguetito electrónico.
Las pantallas por sobre todo me llamaron la atención. En la calle, está hasta las pelotas de pantallas de leds, onda Times Square, pero con una definición y una cantidad de colores como yo nunca había visto. Y en las cosas chiquitas, también pantallas hasta en el orto. El bondi tiene una tele LCD 20 pulgadas (igualito al InfoTrans), el taxi tiene una pantallita a la derecha del conductor para entretener al pasajero, hasta los ascensores en los edificios grandes tienen una pantallita pasándote videos (o la tele, no sé).
El subte tiene aire acondicionado (en los vagones, no sólo en la estación), y por supuesto también tiene una pantallita. Y en la estación, al lado del andén, hay una tele onda “SubTV”, que aparte te muestra un countdown de cuánto falta para el próximo subte, con una precisión de 1 segundo. No es joda, cuando el reloj marca 0 el subte abre la puerta.
El taxista, no sólo no te caga con el precio, ni te dice “meter no work”, sino que encima el taxímetro te imprime un ticket!
Y así todo.
Casi el primer mundo..

Pero hay una diferencia fundamental, que es la segunda impresión que tuve de China…
China parece Japón, o sea, las ciudades chinas parecen las japonesas (o quieren parecer). Pero los chinos no son los japoneses.

Los japoneses tienen una cultura milenaria (o al menos eso creemos) de ser gente ordenada, prolija, trabajadora y educada. Tienen toda esta cosa del “honor” que nos muestran en las películas y en los cuentos de samurais.
Los chinos también tienen una cultura milenaria, que no tengo la más puta de cuál será, pero claramente no es la de los japoneses.
En las cosas en las que los japoneses son ordenados por convicción personal, por tradición, o por lo que mierda sea, acá son ordenados porque sino los cagan a palos.

Los chinos son una mierda pura (casi destilada se podría decir), sólo que viven en un país comunista con “horca fácil” (la versión china del gatillo fácil), entonces nadie jode, pero en cuanto pueden hacerse los boludos y cagarte, te van a cagar.
No hacen una cola ni por puta, por ejemplo. Jamás un gesto de cortesía, y ni pienses en que en un encuentro con otra persona, disputándose el lugar al que planeás moverte, vas a ganar. Muchos hablan inglés, pero no lo reconocen, porque nunca hacen ni el más mínimo intento por ayudarte. La mayoría, ni bien te acercás, hace gesto de “nononono” con las manos y se va corriendo. Y encima de todo, son terriblemente ruidosos, y molestos.

La verdad, los hindúes te daban lástima, son unos pobres tipos. Los chinos no, te generan sólo odio. Son realmente mierda en su estado más puro.

Y aparte, la impresión que me da, es que si bien los japoneses adoptaron muchas cosas de Occidente, y despúes nos superaron, los chinos se están occidentalizando a un punto que es caricaturesco. En un punto no se están “occidentalizando”. Mantienen sus tradiciones y sus formas de ser (que son una mierda, como les digo), y adoptan las cosas de Occidente que les resultan “cómodas”, “ricas” (la comida) o mejores, pero de occidentalizarse un carajo.

Una cosa que me llamó la atención, es que si bien en India todo el mundo decía “Argentina, Maradona”, acá en China ni un solo puto chino sabe dónde está la Argentina, ni la oyó nombrar jamás.

Pero lo que más me llamó la atención, de todo, fueron los centros comerciales.
Nunca en mi vida vi una cosa así, ni en New York, ni en Chicago, ni en Londres, ni en Milán. Es un shopping al lado de otro, con marcas de las nuestras, y bien caras, y todos llenos hasta las pelotas de chinos comprando como si se acabara el mundo.
Es realmente impresionante.


Antes China no tenía nada. Tenía mano de obra barata, pero no sabía para qué usarla. No tenían recursos, y la gente estaba muerta de hambre, empeorada por un régimen comunista, con un psicótico al mando.

Hoy tienen el know-how, y tienen la tecnología. También tienen la guita para comprarla. Tienen la mano de obra, calificada y barata, e ilimitada (y desechable encima). Los materiales no los tienen, pero se los compran a TODOS los otros países que existen. Y por sobre todas las cosas, tienen una demanda interna incomparable a nada conocido.

Este último creo que es el punto clave. Yo siempre creí (y creo), contra lo que me dicen los que saben, que Estados Unidos es el único país verdaderamente auto-suficiente, capaz de hacerle un corte de manga al resto del planeta, y seguir lo más bien, porque tienen los medios productivos y la demanda para consumirlos…

China no está exactamente así, pero me parece que va por el buen camino (y suele mandar al resto de los países a cagar cuando no hacen lo que ellos quieren).
Se vienen los chinos. Mal.

Gente, muchachos, amigos, estimados…
Si algo hemos de aprender de mi experiencia en China, que sea esto. Todo aquel que esté leyendo esto, y que tenga menos de 50 años, póngase a aprender chino. No estoy jodiendo, lo vamos a necesitar.

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