26 Sept - Ja! Putos! Me los cogí!

Y ya en la sala de espera de Hong Kong, esperando mi avión a Frankfurt, pasadas todas las penurias, puedo declararme victorioso, pero la verdad que me las vi feas.

Lo que me olvidé de comentarles antes, es que ni bien llego al hotel le pregunto al chino si tenía una balanza, y gracias a Dios tenían. Era una cagada, incómoda, mal ubicada y antigua, pero balanza al fin, así que dumpeé el contenido completo de TODAS mis valijas sobre la cama, y me puse a clasificar.
Por supuesto tiré a la mierda todo lo que no tenía valor económico o sentimental, real o percibido, a saber:

  • Las zapatillas, que me pasé todo el viaje pegándolas con La Gotita y lo primero que iba a hacer en casa era tirarlas a la mierda y comprar otras, así que ando viajando en ojotas. (No ahorré mucho peso, OK, pero igual las iba a tirar a la mierda)
    NOTA del editor: Es el día de hoy, 25 de diciembre, que no compré zapatillas nuevas, y ando con unas de hace 5 años. Algo me dice que no las tendría que haber tirado…
  • La ropa de la India, que me dio un poco de lástima porque quería mostrarles lo franciscano que andaba por ahí, pero después de mostrársela la iba a tirar también a la mierda, y mucho no pesaba pero hacía bulto, así que al carajo.
  • Toneladas y toneladas de papel, que son los típicos recuerdos que uno guarda y nunca más mira (folletos de museos, boletos de subte, revistas choreadas de aerolíneas, etceteras)
  • Todo lo que fueran insumos: Desodorante, shampoo, cepillo de dientes, papel higiénico y etceteras.
  • Mil pares de medias que me iban a salir 2 mangos en Argentina
  • Las sábanas que me había traído, la almohada que me fabriqué en Calcutta y la toalla (sorry vieja)
  • Los manuales de la cámara de fotos (igual están en chino), y las cajas de todo lo que compré.
  • El famoso jarrón (sorry chouck, hice lo posible)
  • Etcéteras

Después me armé mi valija grande para que pese 18 kilos, y tenga todas las porquerías que no puedo llevar a bordo (cortaplumas, encendedor, etc), más el elefante y el buddha, y ropa como para rellenar y que no se golpee todo.
OK, toda la electrónica en la valija de la laptop, y dónde mierda meto todos estos libros, la puta que lo pario?!?

Bueh, después de toda una noche viajando de mi habitación a la balanza, terminé saliendo con una valija de 20 kilos, una mochila de 14, la de la laptop de 10, y una bolsa que no pesaba nada pero era grande, con las muñecas de plástico que me compré en Japón.

Se venía muy muy negro el panorama…

Salgo para el aeropuerto tempranito, porque ya veía que esto iba a ser largo (y yo tenía un plan que involucraba varias etapas). La cosa es así, tenía 3 puntos que pasar: el check-in, el control de seguridad, y el boarding.

El check-in supuestamente iba a ser fácil: Primero dejo la mochila pesada en el locker room (porque si la veían me la iban a hacer pesar), con algunas cosas de la valija de la laptop adentro (para alivianar el bolso de mano “oficial”), y despacho la de 18 kilos, todos amigos.
La mina me hizo pesar la valija de la laptop, 7.8 kilos (cagando pasó), y no agarra la conchuda y le pone una tirita de “Approved Hang Baggage”? La concha de tu madre! Y ahora cómo mierda paso la otra?

Rápidamente me hice bien el pelotudo y me agarré una de la pilita, y mientras la mina me preguntaba qué carajo creía que estaba haciendo, yo miraba fija e intensamente el papelito, como si estuviera tratando de determinar la naturaleza misma de su existencia. Acto seguido, la mina determinó inmediatamente que yo era idiota o autista, y no jodió más, y no sé cómo pero no me obligó a devolverlo, y al bolsillo. Igual mucha fe no le tenía, seguro que tenía un sellito, o algo así y me cagaban, pero bueh, ya veremos.
Le pregunté por la bolsa con las muñecas, y me dijo que no había problema, y que no necesitaba tirita.

Voy al locker, agarro mi valita, miro la tirita que me puso la mina, NINGUN SELLO! Ni una firma tenía!
Estaba escrito a mano el peso y la fecha, cosa que falsifiqué rápidamente, y ya. Mucho no me gustaba, porque obviamente estaba escrito por dos personas diferentes, pero me pareció que mucho no lo iban a mirar, y en todo caso el argumento de que me había olvidado una valija en el locker room que dejé hace una semana, y entonces tuve que hacer check-in dos veces me parecía suficientemente comestible.

OK, primera etapa lista, ahora viene lo díficil. Tenía que pasar por el control de seguridad, con TODAS mis valijas de mano, cuando desde la paja mental de Londres “por seguridad” no se puede subir más que con una carterita y un paquete de forros. Y encima tenía que hacer como que las valijas esas que pesaban un huevo las movía tranquilamente como si nada, para que no se aviven y no me las hagan pesar. Y ahí nomás tratar de entrar a seguridad ya me agarró una china de mierda con el cajoncito medidor de valijas, que no me pensaba dejar pasar como que yo no lograra meter TODO mi equipaje de mano en el mismo, cosa que por supuesto desafiaba más leyes de la física de las que yo puedo doblar.

- “Pero tengo el cartelito de Cabin approved! En el check-in me dijeron que podía subir”.
- Nada nada, yo con la tirita esa me limpio la argolla. Andá al mostrador y que arreglen el quilombo. Si realmente te permiten subir con todo esto van a mandar un “message”
- Qué “message”?
- Ellos saben, y no lo mandaron.

Mierda, mierda, mierda.

Bueh, tenía una última esperanza. Lo que yo no sabía es si cuando uno despacha equipaje la computadora registra cuánto pesó ese equipaje (ni el ticket de equipaje ni el boarding dicen nada del peso, buena señal). Si lo habían registrado estaba muerto, pero si no la podía pilotear. Saco todos los libros de la mochila (que ahora pensaba despachar), y los distribuyo entre la mochila de la laptop (que ya estaba approved y pesada) y la bolsa de las muñecas (prolijamente escondidos bajo una sub-bolsa de aspecto inocente) y apunto al mostrador de check-in (a uno distinto, claro está). Previo sacar la tirita falsificada, claro, no vaya a ser cosa.

- Buenas, je, soy un pelotudo. Resulta que guardé esta valija en el locker-room hace una semana cuando llegué, y casi me la dejo acá en Hong Kong. Traté de llevarla de mano, pero la china conchuda no me deja. No serían tan amables y buena onda de despachármela?
(Apoyo suavemente la valija, 8.6 kg. Vamos bien)
- Sí, como no.
La mina me pidió boarding pass, pasaporte, tarjeta de viajero frecuente de United (cosa que me sacó del esquema porque no me lo esperaba, y cualquier cosa inesperada sólo podía ser mala), teclea en la computadora, y un par de minutos después me dice…

- La valija que ya despachaste, cuánto pesaba?
(Vaaaaaamo, carajooooooo. Le encontramos el agujero al sistema!)
- La verdad, no sé, pero era una valijita chiquitita, debían ser 7 u 8 kilos nomás.
(No les puedo explicar la cara de hacerme el pelotudo que tenía en este momento)
- Ah, bueno, bueno, muy bien.

Dale campeóooon, dale campeóooon!

La verdad, la mochila que despaché no está muy preparada “anti-shock” (como la valija), y tiene un par de cosas frágiles que probablemente se hagan cajeta, pero es mejor que haberles pagado.

Y ya a esa altura me los había cogido. Probé en uno de los cajoncitos para asegurarme que las valijas entraban, y me mandé para seguridad por OTRA puerta (bastante alejada), cosa que no me tocara la misma china puta, y pasé como por un tubo. Una maravilla. Y eso que llevo mucha mierda “peligrosa” y “terrorista”.
Ahora lo único que faltaba era subir al avión, pero eso ya me chupaba un huevo, porque de última en esa instancia era demasiado tarde para obligarme a hacer otro check-in, y a lo sumo lo mandaban todo a la bodega.

Está medio molesto la verdad, tengo casi 20 kilos encima del avión, y encima ya que estaba y me sentía confiado me compré toda clase de porquerías en el free-shop.

Lo que sí me rompió mucho las pelotas, pero esto es culpa de la paranoia estúpida mundializada, no de Lufthansa, es que me quería traer una botella de Sake de Japón, pero si la compraba en el free-shop en Tokyo, en el chequeo de seguridad de Hong Kong no me la iban a dejar pasar (porque es líquido), no importa cuántos tickets de free-shop le muestre, y ni en recontrapedo despacho una botella de vino. Y por supuesto, en el free-shop de Hong Kong no tienen sake. Baileys sí, Absolut sí, Johnie Walker sí, pero Sake ni por puta. Yanquis del orto.

Pero lo logré, me los cogí. Y ahora escribo esto con una enorme sonrisa, en mi wireless del salón de espera, adquirida por el módico precio de comprarme un chegusán de mortadela.

Así que ya saben para la próxima. El truco es esconder una valija, y hacer el check-in en múltiples etapas. Y llevar una bolsa grande de esas de papel, cosa que parezca que recién estuvieron comprando cosas, no una mochila.

Manga de garcas, 50 dólares por kilo. Por qué no se van a la concha de su madre.

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