25 Sept - Tokyo - Shibuya y me voy

Y el último día quería ir al mercado de pescado, un landmark muy recomendado por la Lonely, y promocionado en el lobby del hostel (aunque creo que era porque lo recomendaba la Lonely), pero implicaba levantarse como a las 4 de la mañana para ver cómo bajaban el pescado y lo remataban, y la verdad no sonaba muy alentadora la idea, así que me volvió a ganar la paja, y no salí muy temprano.

Encima, me dí cuenta tarde de que no tenía todo el día como yo creía, tenía hasta la 1 nomás, así que me fui al último gran lugar que me quedaba por ver (Shibuya) y ví más o menos la mitad.

Arranqué por el Love Hotel Hill, que es como una zona donde están todos los telos. Básicamente son unas callecitas en las que están uno al lado del otro, y es medio interesante, pero no tanto si uno no va a uno. Podés entrar, llegar hasta el lobby, y en algunos hay fotos de algunas habitaciones (más la infaltable expendedora para comprar el turno), pero nada demasiado copado.

Y no hubo mucho más en el día. Les cuento los highlights:

  • Así caminando por ahí, mirando para arriba en vez de para adelante, me comí un fierrazo en los huevos (una baranda que no se entiende por qué estaba en el medio de la calle), y me hice mierda la bermuda, así que me senté por ahí, saqué aguja e hilo de la mochila (siempre listo!), y me la cosí puesta (no me iba a poner en bolas en la calle), mientras me sentía como Rambo.
  • Encontré un negocio de “cosas raras” que era un gran department store (8 pisos) en el que vendían absolutamente de todo. Una cosa muy interesante que vi, es algo de lo que había leído antes. Resulta que hace un tiempo salió un producto en Japón que rompió el mercado (el fabricante no daba abasto para entregar todos los pedidos que le hacían). Era una almohada, común y corriente, sólo que tenía un brazo y una camisa, entonces uno duerme abrazado y se siente acompañado. Venía, por supuesto, en versión para ambos sexos y como les decía, fue record de ventas.
    Demás está decir que esto habla bastante de lo mal que están los japoneses, pero encima yo encontré una de estas almohaditas compañeras, la “almohada faldita”

    con la cual uno se siente muy contento durmiendo en las faldas de su compañera de goma espuma.
  • Sweets Paradise (90 min)

    Qué idea genial! Un tenedor libre de porquerías dulces, con límite de tiempo. Pagás 14 dólares, y tenés 90 minutos para comer dulces como cerdo hasta reventar, haciendo uso de adminículos como este:

    (sí, es una cascada de chocolate derretido)

    Decí que no tenía 90 minutos antes de tomarme el avión, pero me moría de ganas de comer malvaviscos bañados en chocolate hasta vomitar, y después volver a comer otras porquerías hasta vomitar de nuevo. En realidad, estuve boludísimo. Tendría que haber pagado y comido 5 minutos, para probar las cosas dulces que tenían, pero bueh.

Y así nomás se me acabó el día, y se me terminó Tokyo. Me tuve que volver al hotel, agarrar mis porquerías y enfilar para el aeropuerto, que siempre es terriblemente estresante. El puto tren no venía, y yo no entendía bien los carteles, así que le pregunté a un pibe si estaba en el lugar correcto, y no sólo me dijo que sí, sino que me mostró el compumap en el celular:
IMG: 1087
Donde se ve claramente que me tomo 2 trenes, con el tiempo exacto que estoy arriba de ellos, y a qué hora me subo y me bajo, y luego camino (ven el zapatito?) 5 minutos hasta la terminal internacional.

Lo parió con los japoneses!!!

Y así como si nada se me terminó Japón, se me terminó China, y se me terminó la joda, y emprendo el largo y triste viaje de vuelta a mi no-tan-querido país.

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