23 Sept - Tokyo - Edo Museum, Imperial Palace y Akihabara

Bueno, hoy quise arrancar tempranito pero me ganó la paja (por afano).
Así que terminé saliendo del hotel a las 9.30, y fui al primer intento de destino del día: el estadio de Sumo.
Resulta que quiero ver Sumo (nunca lo vi en mi vida, ni en la tele), y justo ahora cuando estoy acá están las finales del campeonato de no sé qué mierda. Así que me fui al estadio, y por supuesto, las entradas están agotadas (y sí, es la final, vio?)
Ta que lo parió. Me quedé sin ver sumo. Y bueh.

Como premio consuelo me fui a un museo que la Lonely dice que es buenísimo, y está ahí nomás.

De entrada, el edificio prometía.
Es el museo de Edo-Tokyo, que cuenta la historia de Edo, que es el nombre que tenía la ciudad esta, allá por el 1600, cuando se estableció un tipo, y empezó el régimen de los shogun. (Para los que vieron Ronin, la historia de los 47 samurais (que es verídica) pasó en esta época)

El museo la verdad está precioso, lleno de maquetitas (increíblemente detalladas) de cómo era la ciudad, y cómo vivía la gente, una preciosura.


Una de las cosas que me llamaron la atención es que había una mesa de “voluntary guides”, donde vos pedís un guía, y te lo dan, así nomás. Me acerco y pregunto “Excuse me, is this free?” “Yes, yes, OF COURSE it is free!”, con tono de “qué preguntás, pelotudo?” (”Of course it’s free”. JA! En India y en China me cobraban hasta por respirar!. Lo parió con los japoneses).
Bueno, me juntaron con dos yanquis (de aspecto japonésico) de California, y arrancamos el tour, que estuvo bastante interesante.

El museo también tiene una sección muy interesante sobre la segunda guerra mundial, con todas cosas que sobraron de la guerra, y maquetas de algunas armas que usaron, y sospechosamente esta es la única sección del museo que no tiene cartelitos en inglés (y la guía termina casualmente justo un poco antes de esta parte). Deben decir toda clase de mierda de los yanquis, por supuesto, y queda feo que se enteren. Nótese la diferencia con los chinos, que hablan mal de los yanquis y los británicos abiertamente, como tratando de que se enojen y los bombardeen.


Uno de los primeros Subarus :-)

Otro dato interesante: La escalera mecánica que te sube al museo es una cosa que nunca he visto. Tiene un “descanso” en el medio, como en cualquier lado donde hay dos escaleras seguidas, pero el descanso es parte de la escalera misma.
La verdad no es muy sorprendente… O sea, todas las escaleras mecánicas tienen un cambio en la pendiente (al principio y al final), pero nunca lo había visto. (Aparte, no tiene ningún puto sentido, como se podrán imaginar)

Y saliendo del museo vi un ponja loco, que sería la versión local del hombre corneta sólo que con campanitas. Como siempre, lo filmé y me olvidé de sacarle una foto, así que a la vuelta lo pongo en YouTube.
Pero fue muy divertido.

Y ahí nomás me volví a tomar el subte y me fui de nuevo para el Imperial Palace, que esta vez SÍ estaba abierto.
Y la verdad, muy bonito. Es un grandísimo parque, nomás, dentro del cual estaba el palacio donde estaba el shogun de Edo, y el palacio sigue estando, pero está cerrado al público porque hoy vive el emperador (o algo así), y no lo podés ver.
O sea que a lo que el público respecta, es un bonito parque, nomás (pero muy lindo, eso sí).




NOTA: Este es un murallón con foso INTERNO. Del lado afuera de todo este lugar, hay OTRO murallón, con OTRO foso (más grande, y con patitos).


Y de ahí, como mucho para hacer no tenía, porque tenía muchas cosas planeadas para mañana (porque los domingos pasan muchas cosas dignas de ser vistas) arranqué a ver el barrio de la electrónica loca, Akihabara, esta vez a una hora en que los negocios estén abiertos…

Y en el camino pasé por uno de los restaurantes que recomienda la Lonely, que la verdad fue una experiencia buenísima.
De entrada me meto y me sientan en una mesa en la que había otros dos japoneses (estaba hasta las pelotas el lugar, y acá es muy normal compartir mesas), que hablaban un poco de inglés, pero no mucho. Cuestión que agarro el menú, que no sólo está todo escrito en japonés, sino que hasta los precios están en japonés! (cosa que nunca la vi. Siempre los precios están con nuestros números). Por supuesto ese era el menor de los problemas, porque los precios son lo único que SÍ podía leer. El problema era la comida…
Así que le entro a preguntar al japonés buena onda que tenía sentado adelante, que intenta explicarme más o menos qué es cada cosa… Ahora, como cualquiera que ha tenido que ir a un país en el que hablan inglés sabe, la comida es lo más difícil de todo. Es IMPOSIBLE explicar qué vas a comer (Yo sigo teniendo ocasiones en Estados Unidos en las que me traen cualquier cosa menos lo que yo me imaginaba, por ejemplo). Y mucho peor si ninguno de los dos que están hablando está usando su idioma natal…
Cuestión que en algún punto le digo “You choose for me”, y el tipo entonces trataba de indagar qué me gusta y qué no, que por supuesto no servía para nada. Pero bueno, finalmente logré que elija por mí, y almorcé algo que no tengo la más reputa idea de qué era (aunque claramente había un camarón en el medio, y fideos raros) pero estaba bárbaro. Me encanta cuando pasa eso.

Aparte era buenísimo porque en un momento estos dos se fueron y yo quedé solo en la mesa. Se me había terminado la comida consistente, y le empecé a dar a la sopa que había quedado, y vino la moza, me trajo un líquido rarísimo, y me hizo entender perfectamente que la sopa no se comía como yo la venía comiendo, sino que había que ponerle el líquido extraño ese, y un condimento que parecía pimentón a la vista, y cosas así. Lo fabuloso es que no hablamos una palabra con la mina esta, y yo terminé tomando la sopa como un verdadero japonés. Una masa.

Y al rato se sientan otros dos japoneses que también hablaban un poco de inglés y la rompían. Se pidieron una cosa medio rara que tenía wasabi y otras porquerías, y yo los miraba mientras hacían toda la elaboración de poner distintas cosas en un platito y mezclarlas, haciendo una pasta/menjunge en la que mojaban la comida propiamente dicha. Todo el tiempo, por supuesto, tomando cerveza y sake (pleno mediodía). Pero bueno, hasta me dieron a probar uno de los platos que se pidieron, que era pollo con salsita. Unos capos.



Ese es el restaurant.


Después fui a Akihabara, y encontré los negocios de electrónica, pero no hubo nada que me maraville demasiado, la verdad. Probablemente porque en China ya vi las mismas cosas, y a mejores precios. Sacando un disco rígido de 750 Gb (setecientos cincuenta gigas! Hijos de puta, cómo hacen?!?), nada novedoso. O sea, a ver. Todo es como lo que vi antes en China, sólo que mejor y mucho más caro. De todo (camaras, filmadoras, computadoras, lo que sea), tienen un modelo MAS, con MAS cosas. Pero nada radicalmente nuevo, digamos.

Pero bueno, seguí andando viendo boludeces y fotografiando freaks.

  • Otra cosa que vi mucho son minitas vestidas medio raro pero no son freaks, son volanteras, y obviamente las obligan a vestirse así. (Aparentemente a los japoneses les calientan las minitas vestidas así)



    Y a muchas ni les pinta que les saques la foto (mientras que otras posan contentísimas).

  • Me crucé con una calle que vendían componentes de electrónica acá también. Algo como lo que había visto en Guangzhou, sólo que mucho más ordenado, y más caro. Pero muy interesante la verdad, tienen de todo.
  • Uno de los hitos del día (y de Tokyo, por qué no) fue sin duda un sex-shop que encontré. Como les venía mencionando, Tokyo está lleno de sex-shops, y especialmente de lugares vendiendo porno, pero esto era una cosa seria. De entrada, el sex-shop más grande que vi (6 pisos completitos). Tal vez uno que vi en Dinamarca sería comparable, pero bueno, gigante.
    Pero lo llamativo no era el tamaño. Fuera de las porongas de plástico, la lencería, las esposas, las cremitas, los látigos y la porno típica de cualquier establecimiento del rubro, en este se veían muchas cosas “raras”…
    • Mucho accesorio “simil-argolla” para hombres (o sea, una esponja gomosa con un agujero en el medio), por ejemplo, con llamativos modelos disponibles para que uno los toque, les cuele un dedo, los pruebe y vea lo “realistas” que son. (Un asco)
    • Mucho trajecito erótico, pero no de enfermerita o de policía. Estos son de minita manga, onda “Sailor Moon”. Una cosa parecida a las fotitos de las minitas de antes, la pollerita, el moñito y las orejitas de gatito. Una bizarreada total.
    • Mucha muñeca inflable, pero no a nuestro estilo. Estas también tienen carita manga! Con los ojitos grandotes y glaceados, bien caricaturescos!.
    • Como todo el mundo sabe, los chinos (y derivados) la tienen pequeña. Lo que no sabemos es CUAN pequeña!. Pero yo encontré la prueba:

      Nótese el diámetro nominal de los forros “ULTRA LARGE” (y de los large al costadito), y compárese con el de los “normales” nuestros…
      Sin palabras, menos mal que no tuve necesidad de usarlos…

    • En el último piso me encontré con un equipo de filmación completo, todo integrado por yanquis. Eran unos tipos que estaban haciendo un programa al estilo E! sobre este sex-shop (o los sex-shops) en Japón, o algo así.
      De entrada me quedé a mirarlos un rato porque muy pocas veces vi cómo se hace un programa de tele, y siempre me llaman la atención los detallitos. Aparte el host del programa es un chabón muy divertido, y tiraba todas frases copadas (aprendí términos nuevos como “jackhammering”, por ejemplo). Cuestión que el highlight de esta nota es que el flaco estaba con una auténtica pornstar japonesa (150 películas en 3 años. A mí no me cierra ese número, qué quieren que les diga), y le hacía una especie de reportaje con respuestas preparadas, y mostraban las cajas de algunas de sus películas. Les paso los datos más llamativos. La mina estuvo en al menos 2 películas en las que su partenaire era un perro, y en como una docena cuyo título incluye la palabra “bukkake”.
      Tarea para el hogar (mujeres impresionables abstenerse), pregúntenle a Google, y aprendan un poco de perversidad oriental.
  • Buscando electrodomésticos bizarros (onda aspiradoras robot que aspiran solas) me metí en un negocio onda Frávega (también en 8 pisos) que no tenía nada demasiado fuera de lo común, salvo los televisores muy grandes y muy planitos, que justo justo estaban pasando el campeonato de sumo (y a esta hora ya eran los pesados, que son los interesantes), así que me quedé a verlo un rato como premio consuelo, ya que no pude ir al estadio.
    Bastante asquerosito como deporte, la verdad. O sea, dos gordos de 150kg, vestidos con una tanga minúscula, terriblemente sudorosos, de pelo largo atadito en un rodete homosexual, abrazándose y tirándose de los huevos (o de donde puedan agarrarse) para sacarse fuera del ring. No dan ganas, la verdad, me pareció muy feíto. Pero eso sí, son bastante respetables los gordos esos. No dan ganas de cruzarse a golpes con uno, y para el tamaño y el peso que tienen, son sorprendentemente ágiles. (Nótese que esta observación es muy similar a la que realicé en Temaiken cuando ví los hipopótamos, no sé qué tan bien habla de los gordos estos la verdad)

En fin, todo muy interesante, y seguí paseando por la zona sin mayores cosas comentables, la verdad.
La zona está llena de negocios de todo tipo, desde negocios de comics (llenos de porno), de muñequitos (llenos de porno), hasta de películas (llenos de porno), o de videojuegos (llenos de porno), locales de videojuegos, de electrónica, de casas de herramientas (llenas de cosas locas), y los infaltables negocios “bolsa de gatos”, en los que conviven iPods, aspiradoras, y elementos armamentísticos como este:

No saben lo poderoso (y surrealista también, hay que admitirlo, pero sobre todo muy poderoso) que se siente uno con esa mierda puesta en la mano.

Miren estos muñequitos:


(notese la excesiva desproporción de la medida bustial)


Y me saqué una foto con el verdadero Mazinger, sí señor.

Otra cosa muy loca. Había un local que yo pensé que era de pesca, pero en una inspección más cercana noté que las cañas eran antenas en realidad, y resultó que era un coso para radioaficionados, con cuanta porquería modulante se les ocurra, que tenía una mesita llena de pulsadores Morse, con la infaltable tablita de traducción:

Lo notable es la parte japonesa de la tablita… Alguien se imaginaba eso?

También encontré un lugar de “memorabilia de consolas”, donde venden todos aparatos del año del orto (Sega Genesis, Atari, etc, etc), y tenían esto:

Que es un gameboy, pero mirás en ese visor con 2 pantallitas y ves en 3D. Estuve como 10 minutos jugando al Mario, mirando dos pantallitas monocromo a 5 cm de los ojos, y me quedé ciego. Cuando salí me comía las paredes, terrible. Con razón no se popularizó.

(OK, sí tenía cosas comentables)


Y ya era de noche y me estaba cagando de sueño, así que me volví para Asakusa a cenar y dormir, y en el camino me cruzo con unos pibes que estaban buscando dónde morfar, así que nos juntamos y fuimos a un restaurant que recomendaba la lonely, y pedimos un montón de cosas (haciéndonos los entendidos) que resultaron ser una verdadera bosta, la verdad. Encima nos cagamos de hambre, y le tuvimos que pedir a las chinitas de la mesa de al lado que pidan por nosotros lo mismo que habían comido ellas, que se veía aceptablemente bien, y también resultó ser una cagada.

Así que comí algo que supuestamente es “tempura” (pero tengo mis serias dudas), que estaba bastante choto y encima carísimo. Pero bueh, así es la vida. Los pibes buena onda igual (un polaco y un escocés).

Lo bueno del restaurant es que era bien típico japonés, se comía descalzo, sentado de piernas cruzadas en el piso, con una mesa de 30 cm de altura. Más incómodo que la puta que lo parió, pero bien típico, eso sí.

Y me volví al hotel, y me puse a actualizar el blog en el lobby, mientras hablaba con un par de gallegos que me crucé, y una argentina (de San Antonio de Areco, mirá vos), y nos mandábamos unas cervezas.

Y ahora sí, a dormir, que esta vez me toca un poco más (porque mañana ni en pedo voy a ver sumo de vuelta, así que me queda un poco de tiempo para dormir a la mañana).

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