22 Sept - Tokyo - Shinjuku y Harajuku

NOTA DESCOLGADA:Y paso MÁS tiempo todavía, así que estoy MÁS olvidado de todo, pero bueno, más vale tarde que nunca, así que hoy en Navidad me voy a poner a terminar el blog (espero llegar).

Al otro día a la mañanita, volví a cambiar de hotel. Muchas cosas para probar no me quedaban, y terminé en un hostel estilo occidental que estaba excelente. Lobby con cocina, front desk con gente muy buena onda, wi-fi gratis, lleno de pibes copados, y habitaciones normales, con camas normales, de a 6 personas por habitación. Una maravilla, y todo por 30 módicos dolares, y estaba a 4 cuadras del otro, así que seguía en Asakusa, que ya me la conocía bastante bien a esta altura.

Y ya habiendo hecho check-ins y cosas varias, decidí ir bien al centro de la ciudad, donde esta el Imperial Palace. Esto es una fortaleza que había en el centro de la ciudad, donde vivían originalmente los emperadores, que tenían sus jardines y etcéteras, por supuesto, en la época en que Tokyo todavía se llamaba Edo (allá por el 1500).

La verdad, una cagada, porque me fui hasta ahí, y estaba cerrado. No me acuerdo si HOY estaba cerrado, o los viernes está cerrado, o qué carajo, pero la verdad me quedé con la leche.

Igualmente en el camino me crucé con algo bastante interesante sobre los subtes.
Resulta que como comprar el ticket cada vez es un quilombo, la posta es comprarse un pase mágico de 1000 yenes que lo vas usando hasta que se gasta. (Casi como un SubtePass), y cada vez que lo ponés en la maquinita te muestra cuánta guita te queda (a la salida, claro, porque a la entrada no sabe qué recorrido vas a hacer, y entonces cuánto cobrarte).
Lo muy bizarro es que en una de las estaciones donde tuve que hacer combinación de subte, para hacer la combinación había que salir a la calle, caminar 50 metros y volver a entrar a la estación por otra boca (pero sigue siendo la misma estación). Por supuesto, ahí ponés la tarjeta para salir, y luego de nuevo para volver a entrar, y el sistema conchudo este se da cuenta de que no venís de la calle así nomás, venís de la misma estación (y en realidad, de la estación anterior), y te cobra la diferencia que falta, no los 2 viajes (que sería mucho más caro).
Lo parió con los japoneses.

Aparte hay muchas otras pequeñas sutilezas. Por ejemplo, si en la tarjeta no te quedó suficiente crédito para el viaje más chiquito, no te deja meterla, y tenés que ir a comprar un ticket normal, pero le metés también la tarjeta esta, y usás lo que te queda ahí adentro (y ponés el resto en efectivo).

Y la mejor de todas, cuando no tenés ni la más puta idea de qué ticket comprar (porque el mapa es un quilombo), lo más fácil es comprarse el ticket más barato y listo. Una vez que llegás a destino, cuando intentás salir, si te alcanzó con lo que compraste, salís y todos amigos. Si no te alcanzó, la maquinita te manda a las “fare adjustment machines”, que son unos aparatitos a los que le ponés el ticket que compraste, y te dicen cuánto te faltó poner. Ponés la diferencia, y te dan un ticket nuevo que te deja salir.

Piensan en todo estos conchudos!

Y de yapa, vi a un chaboncito arreglando una de las maquinolas que te toman el ticket. Miren qué sistema más sencillo….


En fin, frustrado mi plan, enfilé para Shinjuku, uno de los barrios más enérgicos y cargados de actividad.
No recuerdo mucho para contar del barrio en sí. Mucho edificio, muy lindo, y pasamos como siempre a los highlights:


  • Un edificio, nomás

  • Esa brutalidad es el “City Hall”, la municipalidad.

  • Y el city hall tiene un “observatorio” en el piso 41, desde el que se ve bastante de la ciudad. No hay muchos sights muy copados, la verdad, pero bueno, ahí tienen uno.
  • Y ya desde ahí arriba fiché este parquecito que parecía muy lindo, y me vine a pelotudear un rato.

No sé por qué no tengo más fotos de este parque, la verdad, pero estaba precioso, así que aproveché, me fui a un convenience store, me compré una bandejita de cosas “simil-sushi”, un poco de Onegiri, y una coca, y me senté en la zona de la placita donde están los juegos para niños (hamacas, cosas para treparse, subibajas, ábacos(???), etc), y me puse a comer muy contento.

Una cosa muy loca fue que vino un cuidador del parque (que no hablaba una palabra de inglés), y tuvimos esta conversación por señas:
- No podés estar acá, este sector es sólo para niños.
- Y la señora esa que está ahí?
- Tiene un niño!
- Ah, claro. Bueno, OK (y me levanto para irme)
- NONONO, está todo bien, terminá tu comida, no hay problema. (Una masa el chabón!)

Así que me quedé muy contento sentado en la hamaca mirando jugar a los niñitos, y habiendo terminado enfilé para un museo “raro”.
No me acuerdo por qué fui para ahí, pero la verdad, estuvo excelente.

No me dejaban sacar fotos, cosa que es una cagada, porque había cosas increíbles, pero básicamente era un lugar lleno de bizarreadas tecnológicas. Muchas eran boludeces, algunas ni siquiera eran difíciles de hacer (con un poco de ingenio), pero las ideas eran loquísimas. Por ejemplo:

  • Una pantalla que filma y muestra lo que filma. Hasta acá todo normal. Lo copado es que vos te parás adelante, y empieza a hacer efectos locos con vos. Te corta en cachitos, te movés y en lugar de moverte normalmente te mueve de a pedazos, te “ondula”. Rarísimo. Lo loco es que hace efectos locos con uno, pero el fondo queda quietito.
  • Una plataforma en el piso con una cámara que mira de arriba, que cuando se paran dos personas, dibuja una línea entre las dos, separándolas. Luego si viene una tercera persona, tira OTRA línea, tal que cada uno está en su “casillero”, y se va sumando más gente, y siempre cada uno tiene su parte, y hay una línea que separa a cada uno. Es medio difícil de explicar, pero está bueno cuando se suben 10 personas a esa mierda y se empiezan a mover por todos lados.
  • Stop-Motion en vivo: Este me rompió el ojete. Entrás a una habitación con un flash estroboscópico que te quema el cerebro, y ves adelante tuyo un muñequito haciendo malabarismos imposibles, que no se entiende ni en pedo. Me lo quedé mirando como cinco minutos como un pelotudo, tratando de entender qué carajo estaba pasando, y no pude, la verdad, lo tuve que ir a leer afuera…
    Resulta que es un armatoste gigante, redondo, con el mismo muñequito en distintas posiciones, que gira a las trompadas, sincronizado con el flash, y lo ves en movimiento. Muy sencillito, la verdad, pero está increíble. Y voy a aprovechar para hacer mi primer experimento con YouTube, a ver si les puedo mostrar este video:
  • El espejo del hombre invisible: Esta es una habitación a la que entrás, te ponés unos anteojos (que ni vidrio tienen, es el marco solo), y tenés un espejo en el que ves TODO reflejado, menos a vos mismo. Ves los anteojos flotando en el aire, y vos no estás.
    Los hijos de puta te filman, detectan dónde estás los anteojos y para dónde estás mirando, y en el espejo (que es una pantalla), dibujan la habitación en 3D como la verías vos si estuvieras mirando ese espejo. Obviamente, a medida que te vas moviendo, todo se desplaza correctamente para mantener el efecto. Son unos conchudos

Bueh, así como estas, había decenas de boludeces, más o menos interesantes, pero todas muy bizarras la verdad.


Y salí del museo y seguí paseando por Shinjuku, que como les decía es un lugar como muy hiperactivo, pero lindo:

Y apunté para Harajuku, otro barrio que está por ahí cerca, muy de moda (especialmente entre los jóvenes) para lo cual tuve que tomarme el tren.

En parte, yo iba a Harajuku a hacer avistaje de freaks. Resulta que en cierta forma Harajuku es como la Bond Street, y es donde se juntan todos los loquitos que se sienten discriminados por la sociedad, y se disfrazan raro, se juntan, y se sienten parte de algo. De los que hay en todo el mundo, bah, pero parece que acá en Japón están como concentrados (y más loquitos).

Fracasé con todo éxito, la verdad, porque no vi mucho freak, pero Harajuku está buenísimo.
Tiene un par de calles muy representativas del estilo, donde hay millones de negocios para adolescentes, que venden ropa rara, muñequitos, golosinas, y toda clase de porquerías:

La verdad, está buenísimo el barrio este, y voy a tener que volver, sin duda, a ver los freaks (que me parece que van a estar el domingo a la tardecita).

Y me volví a Shinjuku (no me acuerdo por qué), y seguí paseando por ahí que está bárbaro de noche, y tiene muchísima actividad.
Les repito la foto, pero esta vez de noche:

Acá sí me encontré unos freaks, tocando en la calle.

El que adivina si esa cosa de la derecha es un tipo o una mina se gana el premio (si vieran el video estarían más confundidos todavía)

Y me quedé paseando por Shinjuku que está buenísimo de noche.

Como verán, está hasta las pelotas de gente, todos los negocios abiertos, hay miles de restaurantes, una masa.
Y ya que estaba, decidí que iba a probar el teriyaki (un tipo de comida japonesa, que son básicamente brochettes a la parrilla) y no paré hasta que encontré uno, y me clavé unos brochetitos que estaban buenísimos. No estaba muy japonesa la comida, la verdad, y por primera vez en todo el viaje extrañé la comida de casa. Me trajeron una costillita de cerdo a la parrilla (enbrochettada) que estaba increíble. Cuánto hacía que no comía grasa pura asada!!)

Y bueno, me quedé boludeando por ahí hasta que se hizo bastante tarde, y me volví al hotel a bloggear y dormir.

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