20 Sept - Welcome to Tokyo

Uauuuuu, Mierrrrrda. Esto sí que está completamente loquísimo…
De entrada por supuesto no había tenido nada de tiempo para leer nada de Tokyo, así que mientras esperaba en el aeropuerto y durante el vuelo fui leyendo un poco, empezando por lo más vital (cuánto me iba a salir un hotel) y yendo hacia lo menos fundamental (historia, cultura, etc). De entrada, mi primera impresión fue tratar de agarrar el mapa para entender un poco, y me desayuno con el mapa de la red de subtes…

Ya eso fue tipo “no, dude, esto no está bien”.

En fin, hay varios tipos de hoteles acá en Tokyo, y planeo probarlos todos (los baratos) menos el “love hotel”, que es ni más ni menos que un telo por supuesto, y me sentiría como muy solo ahí adentro…

Bueh, bajo del avión, migraciones, aduanas…
Se la toman en serio la aduana, acá, eh!. Menos mal que todo mi equipaje quedó en Hong Kong, y traje sólo un poco de ropa. De entrada el tipo me muestra una página entera con la lista de todas las cosas que no se pueden entrar al país (drogas, armas, porno, etc). “Trae algo de esto?”. “No”. “Seguro?”. “Seguro”.
OK, después me muestra una serie de páginas con FOTOS de todas las cosas que estaban en la lista, no vaya a ser cosa que pudiera decir que había sido un malentendido. “Algo de esto?”. “No”. “Seguro?”. “Seguro”.
“OK, Abra las valijas”. Y me las revisó de arriba abajo, eh, no es joda. La verdad, no quiero saber qué hubiera pasado si tenía alguna de las cosas que le dije que no tenía, pero me imagino que bonito no iba a ser.

Pasada la aduana viene el primer problema… Llamar a los hoteles a ver cuál tiene lugar, que tendría que haber sido sorprendentemente fácil, excepto por el pequeño detalle de que para llamar desde el aeropuerto a la ciudad hay que poner un código de area. Lo parió. Estuve como 20 minutos hasta que logré que alguien me ayudara y pude llamar. Pero bueh, en el hótel cápsula me dijeron que tenían lugar, y después me dijo 200 otras cosas que no le entendí, así que le dije “OK, have room? Ok, I go there”, y en persona veíamos.

OK, primera prueba superada… Ahora hay que tomarse el tren a la ciudad. Es notable como en China teniendo una barrera idiomática mucho mayor (porque acá un poquito de inglés habla una minoría de la gente), todo era mucho más sencillo. Era más sencillo, porque era más parecido a lo que uno está acostumbrado. En Japón todo es raro…
Todo, pero todo, pero TODO lo que estamos acostumbrados a hacer, en Japón también se hace, pero es más sofisticado de alguna manera.

Como el sistema de boletos de tren. Hay todo un mapa gigante pintado de colores, entonces encontré mi estación (en una zona rosa), y vi que salía 1060.

NOTA DESCOLGADA: Nueva tasa de conversión 1 dolar = 114 yen

OK, abajo hay una botonera con botones de colores, aprieto el rosa, y no pasa una…
Hmmmmm…
Bueh, probemos alimentándola.
Le pongo 1100, y se prenden un montón de botones con precios que no eran el que yo quería….
Hmmmm… Aprieto de nuevo el botón rosa, y ahí me aparece un “1060″
Bingo! Me tiró un boleto y el vuelto. Así da gusto.
Segunda prueba superada.

Luego llegar a mi estación de subte fue relativamente sencillo porque me habían explicado bien la combinación que tenía que hacer, y todo joya. Hasta me pude dar el lujo de dormir en el tren, porque me siento ultra-seguro acá, nadie me va a culear…
Joya, bajo del subte, salgo por la puerta que parecía que me dejaba más cerca de mi hotel y…
Y?!?

Ahora de qué me disfrazo?
La Lonely de Japón (mal ahí) no tiene los nombres escritos en letras chinocas, así que no podía comparar con los carteles que tenía alrededor… Y tokyo es bestialmente grande, así que aunque tengo más mapas que para ninguna otra ciudad hasta ahora, la escala es demasiado chica, y no hay un puto nombre de calle…

Bueh, agarro un japonecito joven (los jovenes hablan más inglés) y le pregunto. Más bien, le muestro el nombre del hotel escrito en la guía. OK, el chabón mira alrededor con cara de desconcertado y cuando estaba a punto de decirme que no tenía la más puta idea (o eso creía yo) pela el celular, escribe unas cosas, navega por unos menúes, y le aparece en la pantalla UN MAPA (hijos de puta).
Y así de buena onda que era (hasta ahora es el 100% de mi universo muestreado, espero que el resto sea así también) me acompaño hasta la esquina de mi hotel.

(A mí me daba como vergüenza que el chabón se saliera de su camino para ayudarme, así que yo constantemente trataba de que me señale nomás, total me las iba a arreglar, y lo logré en la esquina)

Ok, gracias gracias, el chabón sigue en su camino y yo sigo buscando y no lo encuentro, entonces agarro otra japonecita y le pregunto, y mientras esta sí me dice que no tiene ni idea, escucho de atrás “Oh, sorry, mistake”.
Era el japonecito de nuevo!
Que se había equivocado de puente, así que ahora que estaba mejor ubicado me acompañó hasta la puerta de mi hotel. Hasta la PUERTA, que estaba en un primer piso. El chabón subió conmigo, no vaya a ser cosa… Un campeón, no lo puedo creer.

La otra que me llamó la atención son las “vending machines” (máquinas expendedoras).
Yo había leído en la guía que había 6 millones en la ciudad (NOTA: Nosotros somos 3 millones, así que hay 2 por cada porteño), pero no había caído en cuánto era eso realmente… Está LLENO, por todos lados. La mayoría vende gaseosas, pero hay de todo, y algo me dice que no he visto nada aún.
Pero TODO se vende con una de estas, por ejemplo, la habitación de hotel.

Llego, entro, saludo, dejo los zapatos (me dan un locker donde los pongo y agarro unas bonitas pantuflas), y la mina me hace gestos de “hablá con la máquina”. OK, le meto 3000 yenes, y me escupe una tarjetita, que se la doy a la mina.
No me queda claro por qué no le puedo dar la guita a la mina directamente. Algo me dice que hay una muy buena razón, y seguramente nunca voy a saber cuál es.
Pero bueh, me dieron la llave de mi habitación (que es la llave del locker, en realidad, porque estas habitaciones no se cierran y necesitás un locker porque las valijas no entran en la habitación), y me fui a verla.

Aparte está buenísimo esto de moverme liviano, porque me va a permitir muy fácilmente cambiar de hotel todos los días, y experimentar los distintos tipos de hotel que tienen acá. Hoy es un “capsule”. Con un poco de suerte, mañana voy a un ryokan.

Supongo que ya habrán oído de los “capsule hotels” y la verdad, dudo de qué tan agradable sea la experiencia, pero esto de dormir en un ataúd merecía ser probado (y definitivamente es muy barato).
Mañana les cuento cómo me fue, por ahora les muestro las fotos y me voy a pasear, que ya debe estar por hacerse de noche.


Ahí ven el pasillo donde están las habitaciones. Son como 40 de esos nichos por piso, y hay 9 pisos. El baño, al fondo del pasillo. Las duchas, en el noveno, donde hay también un sauna, y una bonita vista de la ciudad.

Y ahí dormía yo, que es mucho menos incómodo de lo que yo me esperaba (aunque menos tecnológico). Me sentía como adentro de HAL 9000 la verdad…

NOTA DESCOLGADA: Lo Logré! Estoy a 12 horas de diferencia horaria de mi casa! Ja! El otro lado del mundo :-)

Leave a Reply