13 y 14 sept - Guangzhou 广州

Cuestión que llego a Guangzhou, llamo al hotel barato de la Lonely, reservo habitación, y me tomo un taxi (no hay bondi a la ciudad a esta hora, y el aeropuerto está MUY lejos).
El tipo me entendió que íbamos a la Shamian Island 沙面 (Guangzhou tiene una mini islita), pero no podía lograr que me entienda la dirección exacta ni en pedo, ni mirando el mapa, así que le dije “seh, vos dale pa la isla, y ahí vemos” (el tipo no hablaba una palabra de inglés).

Y ahí me puse a mirar el mapa, a ver como mierda hacia para llegar, y resulta que yo iba a Shamian Sijie. Ahora, todas las calles de la isla Shamian se llaman Shamian (bien, vamos bien). Tiene 3 calles que corren este a oeste, y 5 que corren norte a sur (es una isla chiquita, vio?)
Las que corren este a oeste se llaman respectivamente:
沙面北街 (shamian norte calle),
沙面南街 (shamian sur calle) y
沙面大街 (shamian grande calle (o sea avenida)) (la del medio).
Bien, tiene sentido. Yo iba a Sijie, que pensé que significaba “oeste” (西), cosa que mucho sentido no tenía y mirando las otras calles me avivé. “Xi” es Oeste, “Si (四)” es cuatro (no siempre). El problema en este caso es que mi mapa no tenía los nombres de ESTAS calles en chino.

Las calles norte-sur se llamaban 一街, 二街, 三街, 四街 y 五街 (o sea, uno dos tres cuatro cinco - calle). Muy coherentes la verdad.

Así que ahí me quedó clarísimo, cuando llegamos a la isla vi que estábamos en Beijie, yendo al oeste (gracias brújula!) y le hice al tipo gesto de “4″ con la manito, y me entendió bárbaro.

OK, a regatear no aprendí, pero ALGO de chino logré.

De hecho en el hotel la mina del front desk me preguntó. “Perdón, si no sabés chino, cómo mierda hiciste para llegar hasta acá a las 11 de la noche?”. Evidentemente no soy el primero que se enfrenta a esta dificultad.

En fin, la pieza estaba muy bien la verdad, todo muy limpito y bastante espacioso, así que tiré las valijas ahí y me fui a buscar algo para morfar (totalmente resignado a que iba a comer papas fritas en un Seven-Eleven).
Para mi sorpresa, ahí nomás del hotel había un restaurant super copado, al aire libre, con vista al agua, que la verdad estaba excelentísimo. No sé bien por qué, pero todo tenía una onda super copada, super relajada, super playera, que me vino re-bien, especialmente después de lo mal que me cayó Shanghai.

Cené ahí en el lugar, no sé qué carajo pero estaba bastante bien, y me fui a dormir.


Al otro día me levanté y estaba lloviendo, así que aproveché que en este hotel maravilloso tengo internet en la habitación y estuve haciendo varias cosas, mayormente actualizando el blog, claro, aunque no podía poner los posts finales porque en mi máquina no puedo escribir chino.

Después salí y entré a pasear por la isla esta que es preciosa, la verdad. Está super orientada al turismo, y aparte hay una gran comunidad de yanquis viviendo acá, que se los reconoce fácilmente porque son una parejita feliz paseando con un cochecito por la calle.
Resulta que hay una ley (no sé si de Guangzhou, de China, o de qué carajo) que dice que las parejas extranjeras que quieran adoptar un chino tienen que vivir al menos un mes en Guangzhou (o en China, pero los tipos eligen Guangzhou, o algo así). La cuestión es que está lleno de yanquis paseándose contentos con su bebito recién comprado.

Y como les decía, esto está super orientado al turismo. Todo el mundo habla buen inglés, está todo limpito, está lleno de negocios vendiendo porquerías bastante caras, una preciosura. Y paseando por estos negocios me encontré un librito que explicaba hermosamente cómo jugar al ajedrez chino, y me pareció interesante, así que salí en la búsqueda de un juego. Por supuesto quería algo livianito y barato, teniendo en cuenta la cantidad de mierda que llevo, así que terminé comprando uno por 1 dolar, que son solo las piezas de madera y uno de esos tableros de “tela”, que no sirven para una mierda, así que ni bien llego voy a tener que hacerme un tablero de en serio.

Pero bueno, la joda es que yo quería el puto librito que explicaba cómo jugar, porque las reglas se encuentran por Internet, pero el librito este tenía explicación de estrategia, de aperturas, medio-juego y cierre, partidas explicadas, era una pinturita la verdad, y los locos del negocio se negaban a vendérmelo, AUN si les compraba el ajedrez y todo (cosa que no pensaba hacer, claro). Así que estuve paseando tratando de conseguir el puto librito pero nada.
Fuera de eso, en la isla de Shamian mucho no hay para ver. Como les mencionaba es bastante chiquita.

Tiene un parque muy bonito, y por todos lados está lleno de unas estatuas de bronce que no se entiende que son, pero son simpáticas.



Este es el lugar donde comí anoche (les juro que de noche tiene más onda)

Y esta era la vista desde mi mesa (Que también de noche tiene más onda, aunque puede ser simplemente porque a mí me gustan los reflejitos de colores en el agua)

También está la catedral de Nuestra Señora de Lourdes (una iglesia sin nada demasiado memorable), y no mucho más, así que me crucé el puentecito y me fui a la ciudad propiamente dicha (que es un tanto menos linda, pero bien china).

Estaba lloviendo un poco menos, pero igual seguía horrible y cada tanto se largaba, así que anduve caminando por la zona comercial (o sea, por la ciudad, acá en China son sinónimos), que aparentemente es lo único que se puede hacer en China.


Estaba el mercado de las especias, por ejemplo

En algún punto me avivé que no estaba llevando música típica china, y me puse a buscar en casas de música, pero no encontré nada. Los chinos no me entendían, y los que me entendían me daban CDs de Pop, y porquerías por el estilo, pero de lo que yo buscaba (esa música que todos identificamos como china, que suena antigua, con instrumentos raros, y escalas extrañas), nada.
Si les pedía “typical” me daban Pop. Si les pedía “classical”, me daban un CD de un chino tocando Beethoven. No sé, fracasé.

Lo que sí logré fue, paseando por varios negocios, anotarme los nombres de algo que es una música que escuchan acá (muy punchi punchi, pero bastante especial) que es increíble. No por lo buena, de hecho es una bosta, pero es increíble que alguien pueda estar escuchando algo así todo el día. Y de esta sí estoy llevando, al menos.



Esta es una parte medio céntrica de la parte comercial. Las ciudades Chinas son todas así. Negocio al lado de negocio al lado de un shopping. Es infernal realmente, y Guangzhou es una ciudad relativamente chica comparado con las que estuve viendo.

También me crucé con otro fenómeno que venía viendo en todas las ciudades y no les había comentado. Los chinos tienen una cosa que son los “karaoke bar”, que de entrada yo asumí que eran puteríos. O sea, es un lugar oscuro al que entrás, y está lleno de pasillitos angostitos laberínticos llenos de puertas que dan a habitaciones con silloncitos, mesita, una tele…
Daban la impresión de que ahí se iba directo a ponerla, pero lo que descubrí es que realmente son karaoke bars.
Te alquilan la pieza por un par de horas, y vos vas ahí con tus amigos, y en la tele te pasan videítos de música con la letra que se va pintando de colores, y los tipos cantan, chupan y se cagan de la risa…

Otra de las cosas que nunca voy a poder entender, la verdad.

En fin, seguí caminando y terminé en una zona de negocios menos lindita, donde había más cosas mayoristas, digamos, y me dio la impresión de que esa era la China que yo me imaginaba. O sea, negocios de cotillón, y jugueterías vendiendo cosas BERRETAS Y MUY BARATAS, sacadas directamente de una inyectora de plástico. Para mí eso era China, no una oleada de shoppings vendiendo Louis Vuitton y Gucci.

Creo que lo que yo creía que era China, efectivamente ERA China. Antes. Ahora es Prada y Ferrari.

También vi varios “todo por 2 pesos”, que son un gran amontonamiento de basura:


Y volví caminando por la costanera del río que da contra la isla Shamian, que la vista está muy linda:

Y me crucé con la pantalla más grande que vi en mi vida:


ven ese edificio de la izquierda? Es TODO pantalla!
Lo malo es que tenían que dejar lugar para las ventanas, entonces le faltan pedazos, pero la imagen se ve muy nítida la verdad (en persona, en las fotos no se entiende un carajo)


Están realmente zarpados mal estos tipos!

Para terminar el día, me fui a cenar a uno de esos restaurantes llenos de peceras en la entrada, donde me comí una rica tortuga, que no estuvo muy buena la verdad, la otra me había gustado más (la sopa). Parte del problema fue que la tortuga tiene esa misma cosa que la rana, que te comés una patita que tiene piel gomosa y huesitos cartilaginosos, y no tiene mucha onda. Pero mal no estaba.

Y vi, por fin, el plato del que había venido leyendo en todos los menúes, y que definitivamente es el más caro de china: Aleta de tiburón. (He llegado a ver platos de mas de 200 dolares)



Esta era la zona de peceras, bien en la entrada.


Al otro día no estaba lloviendo (al menos no caía agua), pero estaba bieeen feito, y en cualquier momento se pudría, así que decidí aprovechar a hacer los sights lo más temprano posible antes que se largue.
Primero que nada me compré mi boleto de tren a Hong Kong, que implicaba decidir cuánto tiempo pensaba quedarme en Guangzhou, ya que había estado lloviendo y no había visto nada, y aparte Guangzhou me encantó porque es super-pacífico. Decidí que Hong Kong tenía muchas cosas para ver, así que me compré el boleto para el otro día a la mañana, y salí corriendo a pasear.

De entrada intenté tomarme el subte y me choqué con un sistema medio raro…
Voy a la ventanilla, me atiende la mina con menos onda del planeta, le digo a dónde voy y me hace gesto de “3″. Bueno, le doy 5, y me da 5 fichitas, que perfectamente podían ser monedas. Nada de boleto, ni de tarjetita.
Arranco para el molinete, pensando que tengo que poner 3 fichitas de alguna forma, y el molinete no tiene una mierda para poner fichitas. Tiene un sistema para “acercar” una tarjeta, onda SubteCard, pero de fichitas una verga.
Y ahí un buen pibe se apiadó del pobre turista pelotudo y me señaló a una maquinita que estaba al costado, que tenía un precioso mapa sensible al tacto donde vos apretabas la estación a la que querías ir, le metías las fichitas (que eran monedas, nomás, la pelotuda esa está ahí sólo para dar cambio) y te daba esto:


Y si antes no sabía dónde mierda meter las monedas, mucho menos sabía que hacer con esto, así que empecé a probar a los cabezazos como de costumbre, y resulta que esta mierda funciona como la subtecard nomás, por proximidad. Lo parió con la tecnología.

Así que me bajo en la estación que corresponde (a la salida del subte, para que te deje salir, sí metés la fichita esa en una ranura, así las reciclan. No entiendo por qué nosotros no hacemos lo mismo con los Subtepasses) y me mando para el gran parque de Guangzhou: Yue Xiu Gong Yuan (越秀公园).

Les cuento un poco de historia. Cuenta la leyenda que Guangzhou fue fundada por cinco dioses que bajaron del cielo montados en 5 cabras, cada uno con un plato de arroz en la mano, los cuales les dieron a los pueblerinos, y de esa manera les aseguraron que nunca iban a pasar hambre. (En China, arroz es sinónimo de comida, de hecho la palabra para ambas cosas es la misma, y en tiempos antiguos, realmente cuando se descubrieron las maravillosas propiedades alimenticias del arroz se acabó el hambre.)

En términos más realistas, Guangzhou fue el escenario central de las famosas guerras del opio. En 1773 tanto Gran Bretaña como Portugal se habían establecido acá en China, y comerciaban ampliamente porque en Europa se demandaban mucho la seda y la porcelana chinas. El problema es que la balanza comercial estaba inclinada para el lado equivocado (al menos así lo veía Gran Bretaña), porque los chinos eran autosuficientes (les suena) y no le compraban nada a nadie.
Por supuesto esto a los ingleses no les gustaba mucho. Ya conocemos su filosofía de comprar materia prima y vender manufacturas al mismo país, así que esto de comprarle manufacturas a otro país al que no le vendían nada mucho no les cerraba, y rápidamente encontraron una solución.
Agarraron su colonia de Bengala (India), se cargaron un barco con 1000 cajones de opio, y se los trajeron para China (a Guangzhou para ser más exactos), haciendo adicta al opio a toda la población y desconchando todo, pero finalmente logrando que China les compre algo.
Los chinos para parar el desastre tomaron medidas drásticas (como siempre hacen, y esta vez estuvo bien) en 1840. Mandaron un general que les confiscó la merca a los ingleses y se las prendió fuego en una plaza pública, y esto le dio a Inglaterra una excusa más que válida para invadir, así que iniciaron una violenta guerra en la que los hicieron mierda a los chinos, y terminó con un tratado en el que los chinos le cedían a los ingleses la isla de Hong Kong “a perpetuidad”.
Luego en 1860 se mandaron otra movida parecida, los volvieron a invadir, y consiguieron otro tratado en el que les daban la península de Kowloon, más toda una zona llamada “New Territories” durante 99 años (en 1898).
El final de esta historia se los cuento cuando lleguemos a Hong Kong.

Volviendo a Guangzhou, en el parque Yue Xiu hay un bruto mural esculpido narrando esta historia de los 5 dioses, que la verdad está buenísimo:





El parque además es una preciosura, con laguitos, puentecitos, caminitos cuidaditos, una belleza.


El otro gran sight del parque es la torre Zhenhai:

Construída en el siglo 14, fue tomada por los ingleses en la primer guerra del opio, donde la usaron como fortaleza. Teniendo en cuenta que está puesta en la parte más alta de un parque en el medio de la ciudad, suena como una buena idea la verdad.

Y ahí adentro tienen un museo bastante lindo que cuenta la historia del comercio entre China y diversos países.

Terminada la torre almorcé en el parque, una porquería que hacía rato venía con ganas de probarla.
Resulta que los chinos tienen unos tuppers envasados que vienen con unos fideos secos adentro y uno les tira agua hirviendo y se convierten mágicamente en un almuerzo.
Para mi desilusión, no es tan mágico. Tiene los fideos secos nomás, y unos sachetitos de “gusto” (a carne, a pollo, a lo que quieras). Cuando le tirás agua hirviendo queda una sopa inmunda adentro de la cual quedan los fideos que efectivamente “se ablandan” en un punto, pero son realmente asquerosos.

Eso es el “before”. No saqué una foto after.
En fin, merecía ser probado.

Y habiendo dado por terminado el parque (porque para recorrerlo entero es infinito) me fui a conocer los templos:

- El templo de los 6 arboles, que tiene una pagoda preciosa en el medio:


Que así de pequeñita como la ven, tiene 17 pisos esa poronga, que por supuesto uno se los sube todos al pedo, porque ni adentro ni arriba hay una mierda, y la vista no es tan grandiosa, pero bueh. Para eso uno es joven, che.

Abajo hay un par de templos budistas, con gente rezando y todo. A la mayoría no se puede entrar, porque esta gente no quema un poquito de incienso. Hacen una humareda que ahuyentan los mosquitos de toda la puta ciudad. En general, cuando entro en uno de estos tengo que taparme la boca con un pañuelo para poder respirar, y me banco un minuto más o menos hasta que me empiezan a llorar los ojos y me tengo que ir. Insoportable la verdad.

Este tenía aire más o menos puro.

Y de ahí me fui al templo de Guangxiao que sacando un par de esculturas no tiene nada demasiado espectacular.






Lo que estoy viendo es que China no es un lugar “espiritual” como es India, y como en algún punto yo esperaba de un pueblo con 5000 años de historia de donde salieron personajes tan emblemáticos hoy como Confucio. Los chinos no son para nada religiosos. Son muy supersticiosos, eso sí, pero de religión un carajo. La mayoría de los templos que había los tiraron a la mierda para hacerles un edificio arriba, y los pocos que quedaron son un lugar auténtico de plegaria para unos pocos, no tienen mucho valor histórico en general. Y de Confucio no he visto ni un librito de frases célebres (el que se ve por todos lados, eso sí, es el de Mao, claro).
Así que recorrer templos en China es una pelotudez la verdad.

Luego me vi el templo de los immortales, un templo Taoísta. (Tengo que leer algo sobre Taoísmo y Confucianismo la verdad, porque no sé nada).
Que está lindo, y punto.


Y me volví, pasando por una calle que hubiera hecho las delicias de más de uno de nosotros mientras estábamos en la Philips. Recuerdo mis épocas de andar recorriendo las putas casas de electrónica tratando de conseguir un componente medio raro que nadie tenía…
Acá tienen toda una calle de unas 4 o 5 cuadras de largo, con TODOS negocios de electrónica, vendiendo toda clase de componentes, desde resistencias y capacitores, pasando por integrados, hasta pantallas completas de ledes multicolores. Una maravilla la verdad.

Y mientras me babeaba con todas estas pelotudeces se largó a llover de nuevo, y otra vez a tratar de conseguir un taxi, que están todos más llenos que la mierda. Finalmente conseguí uno, me volví al hotel, y me puse a terminar un par de cosas, como ir a buscar mi ropa a la lavandería, y tratar de conseguir el puto librito de estrategia de ajedrez chino. Me había quedado recaliente con eso, y ya no sabía qué hacer. Le dije a la minita que me lo preste, que lo fotocopiaba, que se lo compraba, que se lo alquilaba, nada, ni mierda.
Hasta que de repente se me ocurrió, por supuesto. Para qué tengo una camara de fotos con 6 megapixeles? Y ahí me puse como un pelotudo a sacarle fotos a un libro página por página, que no sirven para una mierda por supuesto, porque imprimirlas quedaría ilegible, y cuándo mierda me voy a leer un libro de 100 páginas en JPG?
Pero yo tengo mi librito y estoy contento (y me salió gratis encima).


Viejo, cuando vuelvas a Buenos Aires no te va a quedar otra que aprender a jugar a esta mierda. Estás avisado.

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