21 Ago - Y ya cerrando Calcutta

Bueeeno, último día en Calcutta, con avión que sale a la tardecita, así que tenía una mañana nomás para boludear.

De entrada quería conocer los 2 templos de Kali: Kalighat, al sur medio cerca, y Dakshineswar Kali, al norte bieeeen en la concha del mono.
Y aparte había un par de cositas que si tenía tiempo quería hacer (y no, no tuve tiempo).

Long story short, una mañana bastante hinchapelotas, pero la culpa fue mía.
Lo que yo estaba tratando de hacer era evidentemente moverme de una punta a la otra de una ciudad gigante y recontra emputecida de tráfico, en muy poco tiempo. Lo que yo no sabía era qué tan lejos era Dakshineswar, que fue lo que me cagó completamente…

Y aparte acá en Calcutta encontré un sistema nuevo con los taxistas…
Básicamente te piden un precio ridículo (como siempre), y les tenés que regatear a muerte para que te hagan un precio decente (como siempre).
Pero lo que es nuevo es que en el medio del camino paran y te dicen que te van a cobrar más de lo que habías arreglado.

Entonces empieza la escenita: Te hacés el ofendido, amagás a bajarte del taxi, el tipo te quiere cobrar por el recorrido hasta ahí, le decís que se vaya a la concha de su madre, que sino te lleva hasta donde dijiste por la guita original se va a la puta que lo parió, etc, etc, etc.
A la larga te termina llevando, con cara de culo, por lo que habías arreglado originalmente.

Y la verdad, la historia esta, una o dos veces es casi simpática, pero ya a la cuarta o quinta vez me tenían repodrido…

Contando aparte con cosas como que a uno se le rompió el auto en el medio del recorrido (y en el medio de la nada, ya que estaba), y me quería cobrar cualquier cosa porque “ya casi estábamos”, y tener que pelearme con el pelotudo y decirle que me consiga otro taxi, negocie ÉL el precio con el nuevo taxista, y a él le va a quedar la diferencia (cosa que obviamente no le gustó una mierda, pero era mejor que nada).

Y lo que más me rompe las bolas es no poder comunicarte bien con los tipos…
O sea, yo no pretendo hablar de política con el tachero, pero por lo menos poder preguntarle más o menos cuánto tiempo falta, y cosas complejas así…
O como mínimo que te entienda a dónde querés ir, y cuando le decís “Al templo de Kali del Norte, Dakshineswar, no a Kalighat”, te lleve al del Norte, no a Kalighat…

Cuestión que con todo esto ya al tercer taxi más o menos estaba completamente ensañado con los tacheros de mierda, así que les regateaba hasta la última puta rupia, y en general, regateaba con 2 o 3 al mismo tiempo, para que se peleen entre ellos por el precio, cosa que me simplificaba mucho la vida.

En fin, conocí Kalighat (no hay fotos porque no se podían sacar), que me pareció totalmente olvidable, pero ahí cerca estaba la Birla Mandir, que estuvo buenísima.

Es un templo hindú que lo hizo un tipo lleno de guita hace poco, así que está todo nuevito y reluciente, y la verdad, es de los más lindos que he visto.
Una cosa excelente que tenía era, al costado, una serie de esculturas con todas las encarnaciones de Vishnu, que estaban hermosas (mataba por sacarles una foto, porque eran super explicativas), y aparte se notaba bien cuál era cada una.

Y de ahí al Dakshineswar Kali Temple, que era como 4000 km al norte, pasando por unas cuantas zonas horribles medio industriales, villas y cosas lindas así. 1 hora y media de taxi para cada lado (y yo llegando tarde al checkout del hotel, al vuelo, y sin poder preguntarle al taxista cuánto faltaba. Hermoso).

El templo era impresionante más que nada por la cantidad de gente haciendole ofrendas a Kali, y eso que no era ninguna fecha especial, o algo así. Lo más interesante era el sistema de ofrendas que tenían, con el “cura” que estaba adentro.
Lo que debe ser buenísimo es venir acá el día que hacen los sacrificios. Parece que para saciar la sed de sangre de Kali, una vez por año sacrifican 200 cabras.

Y bueh, pasado el stress, llegué a mi hotel, me encontré con el chileno y me fui para el aeropuerto, que fue una gratísima sorpresa porque pasé como por un tubo por los controles, nadie me rompió las bolas, nada.
Una maravilla.

Pero por supuesto, cuando las cosas andan inesperadamente bien es porque los dioses están tomando envión para ponértela más hasta adentro, como confirmé en mi llegada a Mumbaii…

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